lunes, 20 de septiembre de 2010

Fases en la planificación de proyectos


Cuando se abordan proyectos grandes y complejos, la consecución del resultado final depende de la realización armónica del conjunto de las etapas pertinentes con ayuda de los medios materiales y humanos requeridos en cada momento. La concepción de las fases que han de ejecutarse, el orden de encadenamiento lógico de las mismas y la estimación de la naturaleza y cantidad de recursos a emplear en cada momento, precisan de un conocimiento profundo de las tecnologías que concurren en el proyecto y de una experiencia que permita prever y superar las dificultades que en la práctica suelen aparecer.

A continuación se presentan las distintas etapas en el desarrollo de una Planificación:

ETAPA 1:
El "promotor" expone sus necesidades y el deseo de resolver el problema por medios informáticos. Se crea un primer documento breve que recoge el anteproyecto y es aprobado por la dirección o el comité correspondiente.

ETAPA 2:
El estudio de oportunidad concreta los objetivos y resultado a aportar por el proyecto, los plazos y costes previstos y los medios a emplear.

ETAPA 3:
El jefe de proyecto define, ya en detalle, con el apoyo de los técnicos de su equipo, el contenido del proyecto, su análisis funcional, las cargas de trabajo previstas y la metodología a desarrollar.

ETAPA 4:
A partir del análisis funcional se determinan en forma definitiva los volúmenes, cargas de trabajo, calendario y medios a utilizar, dando lugar al contrato formal entre cliente, usuarios e informáticos, frecuentemente conocido con el nombre de cuaderno de cargas o, más concretamente, "pliego de especificaciones".

ETAPA 5:
Los técnicos realizan el análisis orgánico y las especificaciones para programación.

ETAPA 6:
Se realiza la programación de la aplicación y las pruebas para programación.

ETAPA 7:
Al resultar satisfactorias las pruebas se realiza la recepción provisional, dando lugar a los manuales de usuario y de explotación.

ETAPA 8:
La puesta en marcha de la aplicación es una fase delicada que requiere una estricta vigilancia hasta comprobar su correcto funcionamiento. A continuación se realiza un balance de los resultados del proyecto.

ETAPA 9:
Después de varios meses de funcionamiento de la aplicación se debe realizar un balance que permita apreciar los beneficios que realmente ha producido a la empresa.

ETAPA 10:
Transcurridos uno o dos años, debe efectuarse una auditoria de la aplicación que permita comprobar si sigue siendo adecuada o si es necesario introducir modificaciones.

Desde el punto de vista de la metodología de gestión de proyectos, también pueden identificarse varias fases que generalmente deberán darse en todo tipo de proyectos:
  • Decisión de acometer el proyecto.
  • Nombramiento del jefe de proyecto.
  • Negociación de objetivos.
  • Preparación.
  • Ejecución.
  • Información.
  • Control.

Blog.[cumClavis]: Es absolutamente normal…

Un comentario muy adecuado y un blog muy interesante que os recomiendo seguir:

Blog.[cumClavis]: Es absolutamente normal…:

"Es un índice de normalidad y, añadiría, de salud organizativa la desconfianza del personal respecto a la sincera voluntad de integrar y de hacer participar a las personas que algunas organizaciones proclaman a todos los vientos cuando quieren elaborar planes para su futuro. ¿Acaso es lo más habitual?
De la misma manera, hay que considerar absolutamente normal que los equipos y las personas compongan este rictus irónico ante el compromiso de muchas organizaciones de desarrollar estos planes. ¿Acaso conocemos en vivo y en directo muchos planes [estratégicos, directores, de formación, etc., etc., etc.] que se hayan llevado a cabo?
No considero nada normal y desconfío abiertamente de quien pone la otra mejilla, de aquellas actitudes pseudo-comprensivas que, ya sea porque esperan la arribada de un mesías o porque creen que, como con el rey Arturo, hubo un líder que fue y será, admiten y se resignan a cualquier situación o rol al que se vean [auto]relegados.
Es completamente normal que, al menos durante un tiempo [mucho tiempo], no se participe abierta y multitudinariamente en estos magníficos escenarios dospuntocéricos que se crean [que creamos] en las organizaciones para que las personas dialoguen, colaboren y compartan. ¿Acaso es habitual que en Jornadas o congresos haya un alud de preguntas o intervenciones después de cada exposición? ¿Porqué esperar otro comportamiento en escenarios tecnológicos? ¿Es que no aprendimos, en su momento, la lección del e-learning? Además, a todo eso hay que sumar que si buscamos evidencias reales de dospuntocero en las organizaciones tendremos que recurrir a métodos tan poco ortodoxos como las psicofonías y de que, como mucho, encontraremos girones de ectoplasma 2.0 desperdigados aquí y allá…
También es absolutamente normal que los cuadros directivos y responsables en general no admitan todo este conjunto de normalidades y que reaccionen las más de las veces con el desencanto y desistiendo de sus gloriosas intenciones [en el caso de que fueran gloriosas y realmente “intenciones”…] No debería ser normal que esa actitud contase tantas veces con el apoyo y la confabulación de asesores y consultores…
Todo esto no indica nada más que directores, responsables y, sobre todo, consultores hemos de aplicarnos más en ser coherentes entre lo que decimos y lo que realmente hacemos, investigar de una vez por todas en metodología de las metodologías y en darnos tiempo y persistir paciente y disciplinadamente en el desarrollo de estas herramientas y técnicas nada comunes y, por lo demás tan sencillas… Pero mucho me temo que tampoco esto sea lo más normal…

viernes, 17 de septiembre de 2010

Reclutamiento, Selección & Capacitación



Divertido video que a la manera de las antiguas películas del cine mudo nos informa sobre como se ha de llevar acabo el reclutamiento, la selección y la capacitación dentro del Departamento de Recursos Humanos de una empresa.

Reclutamiento

El proceso de captación de los Recursos Humanos


Es uno de los procesos más importantes en la gestión de recursos humanos, debido a la toma de decisiones que se tienen que optar en situaciones donde confluyen intereses comunes entre el candidato y la organización. Ambos, la organización y el postulante realizan esfuerzos paralelos para exponer su mejor presentación, por un lado, la organización trata de obtener los mejores recursos humanos del mercado laboral y, los postulantes con su interés de querer el puesto de trabajo, sea porque él considera importante a la organización o para acceder a una fuente que le permita satisfacer otras expectativas individuales.
Asimismo, el Proceso de Captación de recursos humanos es de vital importancia para la organización, ya que del éxito de la ejecución de sus programas dependerá la atención satisfactoria de las necesidades de nuevo personal que responda a los requerimientos técnicos de sus unidades productivas o administrativas.
En resumen, el Proceso de Captación de recursos humanos tiene como propósito de armonizar la satisfacción de las necesidades de los actores del mercado laboral: la organización y la persona; y se ejecuta a través de los programas de Reclutamiento, Selección e Inducción de Personal.


Las habilidades cognitivas en los procesos de selección de personal

La inteligencia general o factor g ha sido considerada como uno de los mejores predictores del desempeño laboral. Se realiza un análisis de la estructura de las habilidades cognitivas, haciendo referencia a la estabilidad de esta estructura para los diferentes grupos sexuales o étnicos. Se analiza posteriormente la validez predictiva de la inteligencia general para el rendimiento en el trabajo y el incremento de validez de los pronósticos cuando se añaden otras habilidades cognitivas. Se analizan los modelos globales que proporcionen relaciones entre la inteligencia general, el conocimiento del trabajo y el desempeño laboral. Por último, se revisa el concepto de inteligencia emocional.

El estudio de las habilidades cognitivas: 
Historia y estructura: la habilidad cognitiva general o inteligencia, incluye la capacidad de adquirir y aplicar los conocimientos, la facultad de pensar, de razonar y de comprender las propias experiencias y sacar provecho de ellas.
Modelos factoriales jerárquicos y no jerárquicos de la estructura de la inteligencia: Spearman conceptualizó la inteligencia como una facultad unidimensional referida a la capacidad cognitiva general de las personas. También desarrolló los procedimientos estadísticos del análisis factorial. 
Thurstone propone un modelo de aptitudes mentales primarias, que consiste en siete habilidades independientes y no incluye un factor general, por lo que se considera un modelo no jerárquico y plano, aunque él más tarde abandona esta idea.
Aunque los modelos no jerárquicos son populares, se ha llegado a un acuerdo respecto a que las habilidades cognitivas tienen una estructura jerárquica o en forma de pirámide, en cuyo vértice se encuentra el factor g. 
Según el modelo de Catell y de Horn, no existiría un único factor g, sino que lo dividen en las denominadas inteligencia cristalizada (basada en la experiencia) e inteligencia fluida (de carácter más innato, se plasma en actividades y situaciones nuevas que requieren una adaptación flexible, y se refleja en test de razonamiento analítico y tareas de resolución de problemas no ligados al aprendizaje anterior). 
Estabilidad de la estructura factorial de la inteligencia a través de diferentes grupos: algunos trabajos han encontrado diferencias de inteligencia entre grupos étnicos, y otros, por el contrario, no han detectado tales diferencias. Se considera que las investigaciones que llegan a los primeros resultados están sesgadas.

La inteligencia general o g como predictor del rendimiento académico y profesional: 
A lo largo de la historia se ha debatido sobre la relación de la inteligencia con el desempeño laboral. Los resultados han sido dispares, pero desde la Psicología del trabajo y de las organizaciones se ha mantenido la idea de que la inteligencia general tiene poco que ver con el rendimiento en la vida real. Se considera que sería una buena medida predoctora para un trabajo en particular, pero fallaría para otro, aunque fuese semejante, que se encontrara en una organización distinta. 
Las conclusiones que puede extraerse de los datos obtenidos en las investigaciones son las siguientes: el hecho de que el factor g pronostique el rendimiento en todos los trabajos y su validez exceda a la de los rasgos específicos procede del hecho de que quienes tienen altas puntuaciones en g es más probable que:
  1. Hayan sido capaces de adquirir mayor conocimiento tanto declarativo como procedimental.
  2. Sean capaces de adquirir conocimientos adicionales específicos de forma más rápida. 
  3. Sean capaces también de procesar información más compleja. 
Habilidades cognitivas específicas, conocimientos y rasgos no cognitivos:
Resulta más óptimo usar habilidades cognitivas específicas y rasgos no cognitivos como predictores del rendimiento laboral, en lugar del factor g. Sternberg y Wagner han propuesto los conceptos de conocimiento tácito y de inteligencia práctica como alternativas a la inteligencia académica. El conocimiento tácito es un conocimiento procedimental, sobre cómo hacer las cosas. La inteligencia práctica es una forma más general de conocimiento tácito. Algunos autores opinan que estos dos tipos de inteligencia se solapan en una: el conocimiento del trabajo.

¿Se puede mejorar la validez predictiva de g? se muestran varios resultados:
  • Ree y Earles demostraron que el rendimiento en los entrenamientos es más una función de g que de factores específicos en una investigación con miembros militares.
  • En relación con las entrevistas de selección de personal, Walters, Miller y Ree llegaron a la conclusión de que estas entrevistas en los procesos de selección parece provenir primordialmente de su capacidad para evaluar las habilidades cognitivas generales.
  • Olea y Ree examinan la validez del factor g y encuentran que es el mejor predictor.
Meta-análisis sobre la habilidad cognitiva y su validez predictiva del rendimiento ocupacional:
Las habilidades cognitivas generales se definen como una medida global que combina, dos, tres o más aptitudes más específicas o que incluyen una variedad de ítems que miden habilidades específicas. Uno de los resultados más destacados en las investigaciones con estas habilidades son las sugeridas por Hunter y Hunter, que observan que la validez predictiva de las habilidades cognitivas está moderada por la pertenencia a un grupo ocupacional determinado, y por lo tanto, depende de la complejidad del trabajo en cada ocupación específica. Se destaca así una conclusión clara: la complejidad del trabajo es un moderador de la validez de criterio de las habilidades cognitivas generales, es decir, mientras más compleja sea una tarea, mayor es el poder de la inteligencia general para pronosticar el éxito futuro del empleado en dicha tarea.

El rendimiento en sentido más amplio: 
Chan ha demostrado que el factor g también sirve para predecir el rendimiento futuro. Algunos autores han explicado este fenómeno a través de lo que llaman la “hipótesis gravitacional”, que plantea que las personas con mayor habilidad cognitiva se orientan hacia actividades que requieren más habilidad cognitiva, y por el contrario, las personas con menor habilidad escogen trabajos que requieren menores habilidades de este tipo. Por otro lado, la inteligencia general parece interactuar con la complejidad organizacional en su relación con la satisfacción laboral. Ganzach encuentra que g está positivamente asociado con la satisfacción laboral, pero cuando la complejidad laboral se mantiene constante, la relación se vuelve negativa y este dato parece ser consistente con los resultados de Wilk y sus colaboradores relativos a la orientación de las personas hacia aquellas tareas que les resulten más afines.

De la validez predictiva a la relación casual: 
Según Hunter, la influencia principal del factor g se observa en la adquisición de conocimiento sobre el trabajo y este conocimiento es el que influye en el rendimiento, aunque los datos en este caso provenían de subordinados. 
Más adelante, Ree y sus colegas añaden el conocimiento previo del trabajo a estos modelos causales, definiéndolo como el conocimiento relevante para el puesto que los postulantes actualizan mediante la formación. Observaron la existencia de una influencia indirecta de g en el rendimiento, que está moderada por la adquisición de conocimiento laboral durante el entrenamiento.
En resumen, la evidencia parece apoyar un modelo casual en el cual la mayor parte de la influencia de g se manifiesta indirectamente a través de la adquisición de conocimiento, teniendo tanto un impacto sobre el conocimiento previo como sobre la adquisición posterior.

¿Qué puede añadir la inteligencia emocional?:
En primer lugar, se muestra cierta evidencia sobre la relación entre inteligencia y personalidad. Parece ser que ambas están relacionadas en cierta medida, y que variables como la inteligencia autoestimada también son importantes (factor predominante en mujeres). Sería posible que la personalidad influyera en estas autoestimaciones, y éstas a su vez estuvieran relacionadas con las puntuaciones de los test de inteligencia.
A partir de la creencia de que la inteligencia general no tiene adecuada capacidad predictiva cuando se trata de pronosticar el éxito en la vida diaria, algunas líneas de investigación han acentuado la importancia de la inteligencia emocional. Su principal defensor es Coleman, y bajo esta perspectiva se han desarrollado instrumentos como el Inventario de Competencia Emocional, y se ha insistido mucho en la posibilidad de entrenar y mejorar estas capacidades desde la escuela.

Texto tomados de apuntes de la Asignatura "Selección, evaluación y desarrollo de los Recursos Humanos" compartidos por nuestro compañero de la UNED; Ruben Camacho: kurrobilly@gmail.com

"Las competencias: claves para una gestión integrada de los Recursos Humanos"



Después de la plasta que os he dado sobre el tema de las competencias en las anteriores entradas me parece que es buena idea rematar la faena con algo de bibliografía a la que podáis acceder con facilidad para consultar algunos conceptos y después conseguir el libro si lo encontráis necesario para el trabajo que hacéis sobre el tema.

Gestión por competencias: los límites de un modelo



Hace ya años que los modelos de gestión de competencias tomaron el relevo de los sistemas de análisis y valoración de puestos. Estos últimos, de los que nunca se ha explotado su auténtico potencial, han ido quedándose progresivamente relegados a la función de instrumento de soporte para las negociaciones salariales.
Aunque algunas grandes empresas continúan sosteniendo los sistemas de valoración y, en paralelo, mantienen sistemas de gestión por competencias, lo hacen para tener de forma separada una herramienta de negociación y una herramienta técnica en el ámbito de recursos humanos.
En realidad, los sistemas de análisis y valoración de puestos tenían mucho más que ofrecer del uso que se les está dando pero su utilización como herramienta de negociación frecuentemente los ha invalidado como herramienta técnica.
Una herramienta técnica, por definición, ha de ser utilizada internamente; si sus resultados no sólo están sujetos a un dictamen técnico sino que pueden variar dependiendo de las presiones propias de un proceso negociador, la herramienta queda invalidada para otras posibles utilizaciones debido a la interferencia entre ambos tipos de uso.
La exigencia de los sistemas de análisis y valoración de comenzar con una descripción y una codificación de un puesto en términos estandarizados ha permitido que fueran utilizados como ejes de la gestión de Recursos Humanos. Un sistema de análisis y valoración de puestos constituía lo que podría denominarse la unidad de cuenta que servía para comparar puestos entre sí y establecer tanto procesos de selección como planes de carrera.
Estos sistemas, sin embargo, tienen una debilidad que se ha tratado de solucionar mediante los modelos de competencias:  Han enfatizado excesivamente la responsabilidad sobre recursos o, dicho de otro modo, la posición en la pirámide jerárquica del puesto y han sido poco discriminativos respecto de los tipos de competencias necesarios en ese mismo puesto.
Este hecho se debe a dos factores: Por una parte, responde a la realidad de unas organizaciones muy jerarquizadas (no en vano el creador de uno de los más conocidos sistemas de valoración fue un militar) y, por otra parte, un sistema cuyo principal criterio discriminativo sea el volumen de recursos administrados por el puesto genera escalas salariales cuyos niveles son coherentes con los niveles jerárquicos de la organización.
En un entorno de puestos más multifuncionales y de organizaciones más planas parece necesario un mayor nivel de discriminación en las capacidades necesarias para cada puesto y, al mismo tiempo, pierde peso relativo en el análisis el lugar que ese puesto ocupe en la pirámide.
Los modelos de competencias están ya plenamente integrados en la gestión de Recursos Humanos desde hace tiempo; sin embargo, continúan siendo vendidos en muchos casos como la gran novedad. Aceptando los elementos positivos que aportan, es posible que haya llegado el momento de tratar de vislumbrar también sus limitaciones para no generar falsas expectativas.
El elemento básico para cualquier modelo de competencias es el diccionario donde se describen esas mismas competencias y se señalan los posibles niveles que permitirán establecer cuál es el grado de necesidad de una competencia concreta para un puesto concreto. Esta pieza básica del modelo representa ya muy serias dificultades en su construcción:
¿Cómo es posible asegurarse de que no haya solapes en las definiciones de las distintas competencias? Supongamos que definimos una competencia llamada “capacidad de comunicación” y otra llamada “capacidad negociadora”. Por brevedad expositiva, no definiremos las competencias sino que nos quedaremos con la visión intuitiva que todos tenemos de ambas capacidades.
¿Hasta qué punto una capacidad negociadora no exige una fuerte carga de capacidad comunicativa? El problema no tendría especial gravedad si no fuera porque el modelo de competencias, como todos los anteriores, parten de una fuerte ambición y de un intento de aplicación universal y se comienzan a establecer ponderaciones entre competencias, por ejemplo, para determinar perfiles de ajuste persona-puesto o para llegar a establecer niveles salariales.
En tanto nos mantengamos en el nivel de las competencias individuales, tendremos un modelo clarificador que puede ser utilizable tanto para selección como para formación o desarrollo. Cuando se intenta dar un paso más y determinar cuáles son las competencias más importantes y se desarrollan modelos numéricos, empezaremos a encontrarnos con el muy extendido fenómeno de la aritmética-ficción.
La asignación de números da una falsa impresión de objetividad y control y, bajo esta falsa impresión, se pueden estar colando notables imprecisiones como el hecho indicado de que las competencias, por bien definidas que estén, pueden tener terrenos comunes y que estemos valorando las mismas cosas dos o más veces al definir un perfil.
Cuando se define un perfil de ajuste persona-puesto basándose en un modelo de competencias, hay cuatro supuestos, pocas veces explícitos, sin los cuales el perfil no es más que un estéril ejercicio de la mencionada aritmética-ficción:
  • El ya señalado problema de que las competencias tengan zonas comunes que sean evaluadas más de una vez en la ponderación.
  • El supuesto de que se han identificado todas y cada una de las competencias necesarias para un puesto.
  • El supuesto de que la ponderación de competencias es válida para todo tipo de contingencias imaginables en un puesto
  • El supuesto de que un determinado puesto sólo puede ser ejercido por un determinado perfil o, al menos, el supuesto de que hay un perfil ideal; dicho de otra forma, la consideración de que al ajuste persona-puesto es un problema de solución única.
Todos los supuestos indicados son lo suficientemente relevantes para pensar si no está ahí el límite de los modelos de competencias. Cuando aparecieron por primera vez con la idea de ser más discriminativos y de organizar de una forma más coherente funciones tales como la selección o la planificación de carreras, estos modelos fueron, con sobradas razones, muy bienvenidos.
A medida que los intereses comerciales y los intentos por empujar los sistemas de competencias hasta sus límites los han llevado a ignorar algunos problemas graves, como los señalados, por el sencillo y habitual procedimiento de enterrarlos bajo números prescindiendo del significado de éstos, empieza a ser necesaria una evaluación crítica de los modelos.
Como conclusión, podemos decir que los modelos de competencias son aceptables pero que, como cualquier otra cosa, tienen unas limitaciones que no debemos ignorar si queremos usarlos adecuadamente y que no sirvan para tapar problemas no resueltos.


¿Qué podemos entender por competencias?


Conferencia de José Moya en el CEP de Granada. Organiza CEP de Motril; Mayo 2007.

Aunque el ámbito del que esta hablando el ponente es el educativo, la definición que nos hace de las competencias es muy adecuada para entender mejor lo que hemos desarrollado en las entradas anteriores. Hemos de intentar el visualizar los conceptos teóricos a través de otros medios como el video y el audio para que la perspectiva que tengamos de los conceptos que desarrollamos sean asimilados.

Modelos de competencias



Medina señala dos tipos de competencias directivas, las personales y las profesionales. Entre las primeras se encontrarían la autoestima, el autocontrol, la perseverancia, el liderazgo y la empatía. Entre las competencias profesionales se incluye la iniciativa, la orientación al cliente, la orientación a resultados, la visión global y la flexibilidad frente al cambio.
Dubois, desde la orientación para el desarrollo de la carrera señala una serie de competencias clave para el éxito en la carrera profesional: orientación de logro, análisis, evaluación, atención, dirección del cambio, toma de decisiones, exploración, establecimiento de metas, identificación de la información, habilidades interpersonales, redes sociales, perseverancia, comunicación oral, comunicación escrita, planificación, autodirección y pensamiento estratégico.
A su vez, Tejada recoge las competencias profesionales de un formador: conocimiento del entorno, capacidad de reflexión sobre la práctica, actitud de autocrítica, capacidad de adaptación a los cambios, tolerancia a la incertidumbre, al riesgo y a la inseguridad, capacidad de iniciativa y toma de decisiones, poder-autonomía para intervenir, trabajo en equipo, voluntad de autoperfeccionamiento, y compromiso ético profesional. En un trabajo posterior, Tejada y Pont señalan también las macrocompetencias de un formador: 
  • Competencias teóricas o conceptuales (analizar, comprender e interpretar) integrando el saber relativo a la profesión.
  • Competencias psicopedagógicas o metodológicas (saber aplicar el conocimiento y el procedimiento adecuados a la situación concreta) integrando el saber y el saber hacer (procedimientos, destrezas, habilidades).
  • Competencias sociales (saber relacionarse y colaborar con otras personas de forma comunicativa y constructiva) integrando el saber ser y el saber estar (actitudes, valores y normas). Incluye competencias de organización, administración, gestión, comunicación y animación de la formación.

    Texto tomados de apuntes de la Asignatura "Selección, evaluación y desarrollo de los Recursos Humanos" compartidos por nuestro compañero de la UNED; Ruben Camacho: kurrobilly@gmail.com